Recurrir a una figura retórica como la onomatopeya para representar de manera no verbal un sonido natural, es un recurso interesante, pero cuando ese recurso, en modo trabalenguas, nos habla de merengue, de pambiche y de identidad, todo en uno, es un maravilloso atrevimiento.
Enrique nos pasea en un trencito hecho de poesía por la historia del merengue, de su tenaz permanencia en el tiempo, al lado de grandes acontecimientos históricos. Yendo desde el desprecio, pasando por el màs alto respeto nacional e internacional hasta merecer la distinción y el reconocimiento de ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Nos mece en sus vaivenes por las transformaciones instrumentales o sus fusiones con diversos ritmos y melodías, enriqueciéndose. Complace los mas exigentes gustos, porque hasta nuestros sabores están presentes en esta degustaciòn merenguera, que se enarbola como una bandera de dominicanidad.
¡Bienvenido Tacatacatúcun Papacumpá!!!











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